Acuerdos de Paz como Estrategia de Guerra de 4ª Generación

firma de la paz composición

 

“Con terroristas no se negocia jamás, porque no conocen el honor ni la lealtad ni tan siquiera con su propia causa mucho menos por la Patria” Daniel Rodríguez Sandoval

Por José Daniel Rodríguez

– No debemos negociar nada con agrupaciones terroristas que asesinan, destruyen y secuestran indiscriminadamente, sino someterlos al orden constitucional y que respondan por sus crímenes –argumenta un padre guatemalteco que debate con su hijo el tema de las negociaciones de Paz que se encontraban avanzadas en el año 1,993-.

– Los jóvenes estamos hartos de la guerra, tenemos una oportunidad única de ver hacia adelante, de lograr la reconciliación y la tan anhelada Paz –le responde su hijo, un joven idealista que tenía 19 años y hasta ese momento creía en el Proceso de Paz-.

– No todo es como lo pintan mijo, dicen unas cosas pero ocultan otras. ¿Sabés que se contempla la reducción del Ejército, quitarle autoridad, presupuesto y reducir su presencia en el territorio nacional? Hacerlo de inmediato sólo le daría libertad de movimiento y de acción a organizaciones que luchan por imponer un modelo de gobierno que la mayoría de los guatemaltecos desprecian, que suprime la Libertad de Expresión que vos tanto valorás. Será un error, estoy seguro que nos vamos a arrepentir toda la vida si se les deja impunes, adquirirán poder y financiamiento que luego usarán nuevamente contra nuestra Patria.

– Vos porque sos militar y ves a los subversivos como enemigos a los que hay que vencer totalmente, pero no podemos seguir así otros 30 años más. De ahora en adelante todo podría ser distinto y los jóvenes tenemos más esperanza en el futuro que ustedes seguramente, si se escriben acuerdos de fondo, claros y ambas partes se comprometen con su firma, deben cumplirlos porque hay gran cantidad de países pendientes de este proceso.

– Será todo distinto pero no como lo vos lo imaginás. ¿Sabés qué va a pasar? Los terroristas se van a quedar sin castigo y mirá todos los puentes y torres que destruyeron, mirá al montón de gente trabajadora que han asesinado por no pagar el impuesto de guerra, mirá como son de traidores y cobardes que fueron capaces de poner bombas en el Parque Central, en Interfer, en Galgos para masacrar a niños y mujeres indefensos. Esos “países amigos” les darán una nueva vida en Europa sin trabajar, luego formarán grupitos para juzgar al Ejército por cumplir con su deber y no permitirles imponer el comunismo en Guatemala.

– La firma de la Paz es inminente y si unos pocos como vos no están de acuerdo, no podrán hacer mucho.

– Estamos a un solo paso de lograr la victoria militar, de obligarlos a rendirse incondicionalmente y que sean juzgados, no tenemos por qué ceder y dar concesiones a criminales. El Estado de Guatemala no debe doblegarse ante los guerrilleros y acceder a sus demandas, es un error y tu generación que cree en la palabra de terroristas, pronto se dará cuenta que éstos no tienen palabra, son capaces de matar hasta a su madre para hacerla “mártir revolucionaria”, ya lo han hecho.

El diálogo que les compartí en párrafos anteriores era un debate constante entre mi padre, un especialista cartógrafo del Ejército de Guatemala y yo, un eterno analista de la problemática nacional, con esperanzas de paz y desarrollo allá por el año 1,993. Hoy, 19 años después, solo puedo reconocer humildemente ¡Cuánta razón tenía mi padre! Ahora comprendo perfectamente su rechazo ante las negociaciones entre guerrilleros de los Acuerdos de Paz.

Basta recordar que en 1,996 los comandantes de las 4 organizaciones terroristas negociaron con sus mismos “compas” ya infiltrados en el Gobierno: Eduardo Stein y Gustavo Porras como representantes del Estado durante el período de Álvaro Arzú. Algo más que a los guerrilleros, transformados de la noche a la mañana en seudoactivistas que lucran del falso discurso de los DDHH no les gusta que se dé a conocer, es que los 4 comandantes terroristas de la ORPA, PGT, EGP y FAR, agrupados en la Comandancia General de la URNG, firmaron estos Acuerdos con seudónimos, con alias que no eran nombres legítimos y que usaban para esconderse de las autoridades. Por lo tanto, esos compromisos de Estado son ilegales, espurios, nulos, ilegítimos y mucho más si evaluamos que al someterse a Consulta Popular artículos clave de dicho Pacto, ya en dos ocasiones fueron contundentemente rechazados por los ciudadanos.

¿Es posible que la dirigencia terrorista anticipara este rechazo, ya en una etapa democrática? Sí lo es, lo fue durante 36 años y por ello no cuentan con respaldo y lo saben al igual que sus “socios” extranjeros. Entonces analicemos los Acuerdos de Paz en Guatemala como una estrategia de Guerra de 4ª. Generación. Mucho antes de la firma de la Paz en Guatemala, las organizaciones terroristas comprendieron que habían perdido la guerra militarmente, no lograron el respaldo popular, los intereses económicos y de protagonismo de sus dirigentes estaban desgastando aún más su “lucha”, anticiparon que la derrota era inminente. Fue entonces que concibieron la estrategia de pasar a un plano político/mediático/jurídico como mecanismo para lograr sus objetivos de tomar el poder e implantar un modelo fundamentado en el marxismo, mezclado con indigenismo, ecologismo radical y seguir alimentando el odio de clase, pero ahora con un factor racial más fuerte.

 

El primer paso fue manipular la historia, defenestrar al Ejército de Guatemala y adjudicarle responsabilidad casi total de los excesos de 36 años de guerra, escondiendo sus atrocidades para mostrarse al mundo como “víctimas”. El mecanismo era obvio: crear una “Comisión de Esclarecimiento Histórico” –sesgada y copada por personajes vinculados a estas mismas organizaciones-, redactar un documento que validara su versión y presentarlo como “escrito en piedra”, incuestionable, para utilizarlo no sólo como factor de propaganda internacional y así obtener financiamiento, sino también como base de la venganza judicial contra sus enemigos que ya venían gestando.

Los guatemaltecos habíamos dado la vuelta a esta página y anhelábamos paz, seguridad y reconciliación. Esto cambió radicalmente con las primeras acusaciones y sentencias contra militares que defendieron nuestra Libertad y Soberanía. Vinieron más procesos penales, ignorando la Ley de Reconciliación Nacional, las amnistías y todos los acuerdos alcanzados para que se acordara la ansiada “Paz firme y duradera”.

Todo esto cambió con la llegada del magistrado César Barrientos Pellecer y la Fiscal General Claudia Paz y Paz, pero sin duda la imposición de CICIG es lo que en la opinión pública les proporciona el respaldo y “legitimidad” internacional que los fortalece. A partir de ese momento la persecución fue mucho más marcada y evidente, la farsa del genocidio era el ataque que tanto habían deseado. Según ellos sería el golpe final que lograría algo que les representaba prestigio -entre sus ad láteres, por supuesto-, posiciones de poder tanto en Guatemala como en el exterior, mucho dinero como intermediarios en demandas contra el Estado y lo más importante para la siguiente etapa: Marcarnos a los guatemaltecos como “genocidas”, imponernos el estigma de “estado racista”

Cuando se aprobó el decreto 8-86 el objetivo era sentar las bases del perdón, la reconciliación entre hermanos y esto es precisamente lo que la mayoría de ciudadanos tanto anhelamos. Por otro lado, el terrorismo es un crimen de lesa humanidad que sí ocurrió en Guatemala, la evidencia sobra, sin embargo ninguna ONG de esas con fachada de “defensores” de Derechos Humanos lo menciona porque no les representa ingresos, no pueden demandarse a sí mismos, ni tampoco pueden poner en evidencia los crímenes de sus principales dirigentes en su pasado guerrillero.

La amnistía debe aplicarse a todos por igual o sería necesario que empecemos a juzgar también los crímenes de la insurgencia. Los asesinatos, secuestros, destrucción de infraestructura, atentados indiscriminados con bombas en contra de guatemaltecos civiles inocentes hasta ahora han quedado impunes. Las víctimas de la guerrilla también esperan justicia, hoy olvidadas, por las cuales no hay comunicados de la embajada gringa, ni presiones de Alberto Brunori, ni marchas, ni “activistas” en giras de medios por Europa “clamando justicia” –léase mendigando donaciones millonarias-.

Hoy, casi 20 años después de los debates políticos con mi padre, le doy la razón, corrijo mi postura, y exijo: AMNISTÍA PARA TODOS, O ENTONCES PARA NADIE, Y MANDAMOS LOS ACUERDOS DE PAZ AL CARAJO.