Lo que no mata, fortalece

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“No te angusties, resurgirás como el águila y esta vez nadie podrá detenerte” me dijo alguien hace algunas semanas.
Hace exactamente dos meses me sucedieron cosas que nunca me imaginé. Fui traicionado por mi propia familia por intereses económicos mezquinos, también traicionado por quienes consideré amigos; personas a las que les di mi mayor esfuerzo y a quienes defendí aún poniendo en peligro mi vida me dieron la espalda cuando me vi en problemas; fui acusado y sentenciado en redes sociales por algo horrible que que no hice. Fui difamado y desprestigiado sin misericordia INJUSTAMENTE. Toqué puertas y me las cerraron en la cara, me dieron la espalda varias veces. Perdí a mi madre, sin tan siquiera poder despedirme y eso si no dejará de dolerme jamás…
Pero también debo decir -y estoy muy feliz por ello-, que he conocido quiénes realmente me aprecian, quienes me tendieron la mano justo cuando más lo necesité y sin esperar nada a cambio. No voy a mencionar nombres en esta publicación, pero muchas veces de quien más uno espera, es quien más decepciona; pero, por el contrario, de quienes menos uno espera es quien realmente se comporta como un verdadero hermano, como la familia que ya no tengo.
Como habrán notado, he iniciado ya varios proyectos de comunicación, y aunque mi idea era alejarme de política para dejar de exponerme tanto, debo reconocer que es difícil ya que me he dado a conocer sin buscarlo -y probablemente sin merecerlo- porque algunos consideran que tengo conocimientos y habilidades poco comunes, por lo que me han invitado a participar y solicitado nuevamente servicios como asesor, como analista, a lo que decidí aceptar. Por otro lado, escribir será mi pasión toda la vida y no dejaré de hacerlo nunca, por eso les comparto este agradecimiento con toda humildad.
Cada pieza va encajando en el lugar que debe estar, amo a este hermoso país, lucho para que todos tengamos Libertad, Paz y Justicia, para consolidar el sistema republicano de gobierno y construir juntos un verdadero Estado de Derecho. Hoy he decidido volver a esta batalla de las ideas, más fuerte que nunca, para decir lo que usted tal vez quiere y no se atreve o no puede decir.
Guatemala está en peligro, bajo acecho, y no podemos bajar la guardia.
NO ME CALLO, NO ME ASUSTO Y NO ME RINDO
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Colombia es hoy un ejemplo que Guatemala puede seguir en busca de la Paz

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¿Está usted de acuerdo con declarar nulos y lesivos para el Estado los Acuerdos de Paz firmados por la guerrilla y el gobierno en 1,996; y derogar todas las leyes conexas, exigir el reembolso inmediato de los resarcimientos pagados para ser usados en beneficio de los guatemaltecos? ¿Sí o No?

Por José Daniel Rodríguez

Los ciudadanos colombianos le dieron la espalda a los acuerdos de paz negociados en Cuba entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla narcoterrorista de las FARC, bajo la tutela y directrices del actual dictador Raúl Castro quien se aseguró que fueran a todas luces beneficiosos para los subversivos.

Los resultados del plebiscito desarrollado el pasado 2 de octubre no sólo le quitan de tajo la legitimidad a las concesiones tan generosas –por decirlo de alguna manera- otorgadas a los terroristas, sino que obligan a revisar todo el proceso para generar unos nuevos acuerdos en los que se sienten las bases de una verdadera paz firme y duradera.

Aunque hoy los militantes guerrilleros y sus simpatizantes nacionales y extranjeros, se pretenden hacer pasar como “víctimas” del “malvado” ejército colombiano que los combatió de acuerdo a su mandato constitucional, debemos tener claro que para nada son lo que quieren aparentar. Ellos mismos –al igual que en Guatemala y en otros países- provocaron ese conflicto armado de casi medio siglo en un esfuerzo por tomar el poder por la fuerza e imponer un sistema totalitario marxista. Votar NO, significa que los ciudadanos no aceptan esas negociaciones, ni mucho menos garantizarles impunidad a los militantes de las FARC; significa también que están de acuerdo con la Paz, pero no de la forma como pretenden algunos, porque al igual que en Guatemala, sólo será la semilla de una nueva forma de conflicto ideológico enmarcado en las estrategias de la guerra de 4ª. Generación, es decir, llevarlo al plano político/jurídico para vengarse, para generar más odio y división entre hermanos.

Hace un par de años, el expresidente Álvaro Uribe publicó un tweet que causó escozor en los sectores más retrógrados de la izquierda radical en nuestro país: “Miren lo que está sufriendo Guatemala por una Paz mal hecha”. A algunos analistas, periodistas e “intelectuales” que aún tienen los sueños de dictadura del proletariado en sus mentes, no les gustó para nada ese comentario porque significa reevaluar las negociaciones que derivaron en unos acuerdos que hoy tienen a nuestro país sumido en una creciente conflictividad, alentada por la impunidad de la que gozan organizaciones que sólo cambiaron las banderas del EGP, PGT, ORPA y FAR, por las de “defensores” de DDHH, indigenistas, feministas o ecologistas. Pero peor aún, al ser permanentemente rechazados electoralmente por los ciudadanos –jamás han superado un miserable 3% de respaldo- estos grupúsculos recurrieron a otras estrategias para asaltar el poder, copando, gracias a presiones y financiamiento multimillonario extranjero manchado de sangre y muerte, los 3 organismos del Estado, con mayor énfasis en el Judicial porque ese ése el que les genera las posibilidades de seguir enriqueciéndose sin trabajar, producto de juicios amañados con testigos falsos, peritos sin licencia, jueces parciales y violaciones constitucionales. ¿Así, qué militar puede defenderse de los oenegeros y sus verdugos? Lo que buscan, además de dinero, es vengarse del Ejército que los combatió de frente, con honor, no como los terroristas que atacaban por la espalda y luego salían corriendo a esconderse tras mujeres, ancianos y niños a quienes usaban como escudo.

El expresidente Uribe tiene razón, la paz en Guatemala fue “mal hecha”, no debió darse concesiones a criminales, asesinos, secuestradores, extorsionistas y terroristas, porque las Fuerzas Armadas tenían el respaldo de la Constitución Política de la República de Guatemala y de los ciudadanos. Debió simplemente exigirles la rendición incondicional o atenerse a las consecuencias por atentar contra el Estado y las libertades individuales de los guatemaltecos.

Luego de analizar todo este contexto, en el que Colombia hoy le da una lección a Guatemala, propongo, haciendo uso del derecho de petición del que gozamos los ciudadanos, declarar nulos esos Acuerdos de Paz -que ya fueron rechazados anteriormente por los guatemaltecos en 1,999-, derogar todas las leyes relacionadas, revisar sentencias contra militares y que sean devueltos de inmediato los resarcimientos pagados en juicios fraudulentos.

Así, se juzgaría a los terroristas por sus crímenes y se acabaría la impunidad y poder del que gozan actualmente. ¿Está usted de acuerdo con esta propuesta?

(Imagen de portada Prensa Libre, 17 de mayo de 1,999)